La región francesa de Ródano, cuya capital es Lyon, se ha convertido en un polo de desarrollo de pequeños productores a partir de un cambio de hábitos de los consumidores, que desconfían de los alimentos industrializados y buscan consumos que consideran más éticos. Según el diario Le progres, unas 12 mil granjas de la región participan de estos sistemas de compras directas al productor.
En una reunión celebrada en el auditorio de la Universidad Metropolitana (UMET) se presentó este lunes el programa Tod@s Comen ante el cuerpo de delegados del Sindicato Único de Trabajadores de Edificios de Renta Horizontal (Suterh). Con la presencia del Secretario General del gremio, Víctor Santamaría, y el Coordinador del Instituto para la Producción Popular (IPP), Enrique…
El Gobierno acaba de reglamentar la Ley de Reducción de Pérdidas y Desperdicio de Alimentos, cuya finalidad no tiene nada que ver con la efectiva reducción del desperdicio de comida sino con una redistribución de sobras, productos al borde del vencimiento y alimentos con alguna falla de origen que quedan fuera del mercado para abastecer de comida a quienes sufren hambre. Explicamos aquí por qué lejos de paliar el hambre es una ley que legitima un mercado concentrado que la crea.
En las góndolas de los supermercados, la leche ha casi duplicado su precio en un año. En las últimas semanas, conseguir este insumo vital a un precio más razonable ha sido una tarea de buscadores de tesoros. Semejante aumento no favorece a los pequeños productores, que no llegan a cubrir costos; ni a los consumidores, que sufren cada aumento. Como sucede en los rubros alimenticios esenciales, la actual administración nacional considera que comer no es un derecho sino un negocio y ha desregulado el mercado para que se maneje con sus criterios. Esa ausencia de controles y políticas específicas ha llevado a la ruina a los pequeños productores primarios, ha provocado aumentos insostenibles en los precios y deja todo el rédito a las empresas que concentran el negocio. El resultado, como era previsible, es desastroso.
Hace 54 años un grupo de mujeres de Tokio comenzó a realizar compras colectivas para tomar en sus manos el derecho de alimentarse con productos sanos a precios justos. El resultado de más de medio siglo de desarrollo de ese proyecto comunitario inicial es un sólido sistema sostenido por 32 cooperativas, que favorece a los pequeños productores, impulsa el desarrollo local y tiene incidencia en las políticas alimentarias de Japón.
A sólo tres meses de su puesta en marcha, el programa Todos Comen del Instituto para la Producción Popular (IPP) cuenta con 28 Almacenes Populares en el conurbano bonaerense, lo que convierte a estos puntos de consumo organizado en la línea más exitosa de las seis propuestas que contempla el proyecto. Lomas de Zamora, La Matanza, Quilmes,…
Existen otras prácticas posibles de consumo: redes de organizaciones que vinculan consumidores, productores e instituciones. Es el caso de la Mesa de Soberanía Alimentaria del corredor Córdoba y Ruta 5 (Valle de Paravachasca y Calamuchita)*.
En Michigan, Estados Unidos, nació en 2009 un sistema comunitario que busca ampliar la capacidad de compra de alimentos de las familias con mayores necesidades, al mismo tiempo que los provee de productos frescos, saludables y de calidad. Actualmente 25 estados reproducen ese modelo. El programa, denominado Double Up Food Bucks, funciona con cuatro actores centrales: la organización Fair Food Network, que ideó y ayuda a desarrollar el programa; pequeños agricultores que se suman a la iniciativa y colocan sus productos de manera directa con los consumidores; comunidades que aceptan difundir y aplicar el sistema; y el apoyo del Estado que destina partidas presupuestarias necesarias para expandir el programa mediante el Instituto Nacional de Alimentos y Agricultura.
Desde hace muchas generaciones, las actividades económicas de toda sociedad giran centralmente alrededor de quienes poseen capital. Ellos son los que definen proyectos de producción de bienes o servicios, luego de estudiar si con eso se incrementará su capital; luego compran la tierra, el trabajo y/o la tecnología que necesitan y pasan a concretar sus planes, vendiendo…
En Sao Pablo y Belo Horizonte, la organización del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) comenzó en 2016 con la apertura de Almacenes de Campo en los que comercializa 500 productos de agricultores familiares, desde hortalizas a café y bebidas procesadas. La idea de la organización es multiplicar estos centros de abastecimiento para reforzar circuitos populares y de cadenas cortas que eliminen intermediarios. La llegada al poder de una fuerza política de ultraderecha con un proyecto económico neoliberal vuelve a poner a este movimiento en pie de lucha en un clima hostil, que recuerda los difíciles momentos de su surgimiento en la década de 1980.