Pobrezas de campaña

La referencia al porcentaje de pobres argentinos en el discurso de la presidenta Cristina Fernández en la asamblea anual de la FAO, mereció una andanada de críticas y defensas de todos los sectores políticos. Se difundieron cifras y porcentajes para todos los gustos. Lo que quedó en segundo plano es saber qué harían esos sectores para mejorar la vida de los pobres que están incluidos en esos números. Esta nota analiza las propuestas sobre cómo encarar la pobreza que han esbozado los candidatos presidenciales. 

Cristina Fernández encendió la chispa en su discurso de la reunión anual de la FAO citando un porcentaje de pobreza e indigencia que generó las más variadas reacciones. Una semana después, se sigue discutiendo si los pobres son el 5% oficial, el 25% de la Iglesia, el 27,6% de la CGT opositora o cualquiera de los porcentajes aportados por los que calculan a ojímetro, según sus conveniencias.

Dado que se está desarrollando la campaña que decidirá quién es el próximo Presidente, era esperable que los candidatos o sus equipos, además de contar pobres, difundieran cuáles son las ideas con las que piensan hacer frente al problema de millones de ciudadanos excluidos del sistema productivo. No fue así. Ya sea porque no saben qué hacer o porque no les conviene que se sepa, todos eludieron esa definición. Para tener una idea, entonces, hay que buscar en las declaraciones de los últimos meses y deducir con esos elementos las propuestas de cada uno.

Los globos del PRO

Aunque por estos días la dirigencia del PRO puso el acento en el tema porcentual, el candidato Mauricio Macri esbozó su propuesta para combatir la pobreza cuando acompañó en una charla a su candidato cordobés, Ramón Baldassi. “Podemos terminar con la pobreza y la exclusión social porque tenemos un potencial de crecimiento enorme”, aseguró el jefe de Gobierno porteño, y profundizó un poco más: “Hay que recuperar la confianza, ser previsibles para que lleguen los inversores extranjeros que hoy se van a Chile, Colombia, Perú o Paraguay”.

No es mucho, pero sirve para el análisis. Una de las conclusiones posibles es que el PRO no estimula la asociación regional como forma de enfrentar los problemas comunes que existen respecto de los países centrales sino que opta por proponer una puja cuyo objetivo es que la Argentina le quite inversores a Chile, Colombia, Perú o Paraguay.

Otra conclusión obvia es que Macri relaciona el “crecimiento” con las inversiones extranjeras. Luego, puede deducirse que la forma en que entiende el combate a la pobreza dentro de ese contexto es el del clásico esquema capitalista que plantea que un aumento de la riqueza genera, necesariamente, una disminución de la pobreza. Hay decenas de experiencias internacionales que lo desmienten.

Por citar un caso al que el propio Macri hace referencia, en Paraguay hubo un crecimiento del PBI importante en la última década- con un pico del 13,6% en 2013-, que convirtió a esa nación en el nuevo ejemplo a seguir que recomiendan los gurúes de la City. Según la mirada del PRO, este fenomenal crecimiento, generado por la política aperturista de inversiones privadas para explotar recursos naturales, debió haber impactado en los índices de pobreza. No ha sido así. El propio presidente paraguayo, Horacio Cartés, reconoció hace una semana, en Madrid, que su país “exporta pobres a España porque no encuentran posibilidades en Paraguay”. La frase le generó una fuerte polémica interna y expuso descarnadamente la realidad de ese país “modelo”.

¿Qué pasó en el Paraguay de altas tasas de crecimiento y récord de inversiones extranjeras directas? Nada extraordinario. Simplemente que el PBI mide algunos aspectos del crecimiento, pero no la distribución de la riqueza. El 90% de la tierra paraguaya está en manos del 10% de la población. En esas condiciones, los beneficiados con el aumento del PBI son los grupos locales que concentran la riqueza y las multinacionales a las que se les facilitan las ganancias. Los pobres que pueden hacerlo, emigran. Los que se quedan, engrosan las estadísticas de uno de los países más desiguales de América latina.

Si resulta difícil encontrar referencias a la propuesta para superar la pobreza del PRO, con el radical Ernesto Sánz, contrincante de Macri en las PASO presidenciales, es directamente imposible hacer cualquier consideración porque no hay ni una mínima referencia en su página de campaña, ni en su Facebook ni en las noticias de los últimos tres meses. Lo que sí puede encontrarse es su preocupación por precisar el número exacto de pobres.

Seguir o profundizar, el dilema oficial

Tanto Daniel Scioli como Florencio Randazzo sostienen que su plan estratégico es continuar con el camino recorrido por el kirchnerismo desde 2003. En los pactos que Scioli celebra con dirigentes de varias provincias bajo el lema “Para el Desarrollo”, se esbozan intenciones como la integración de las economías regionales, pero sin mayores detalles. En la página web oficial de campaña de Randazzo no se menciona la pobreza y, por lo tanto, tampoco la forma de encarar políticas que la combatan.

El análisis de estas propuestas debe hacerse, entonces, basado en lo que el kirchnerismo realizó hasta aquí. Es claro que entre 2003 y 2010 hubo una reducción de la pobreza a partir de una fuerte presencia del Estado interviniendo con planes asistenciales que ayudaron a superar la emergencia de la crisis de 2001. Esa reformulación del papel del Estado sirvió para bajar la desocupación, disminuir los índices de pobreza e indigencia y recuperar un sentido nacional de la producción a partir de algunas experiencias destacables como el INVAP, en las que se desarrollaron innovaciones tecnológicas poco habituales para la Argentina.

Pero a ese impulso inicial le faltó la profundización, el salto de calidad que requería una segunda etapa que nunca fue planificada ni ejecutada. Los actores centrales de la economía siguieron siendo el lobby de empresarios locales que acumuló poder en las últimas cuatro décadas y las multinacionales que históricamente concentraron el poder. El 70% de las empresas que controlan el mercado nacional son extranjeras. A esas compañías no les conviene promover el desarrollo tecnológico local y usan insumos importados que absorben muchas divisas y ese es uno de los factores determinantes para producir la baja de los salarios y una menor distribución de la riqueza porque esa dependencia tecnológica provoca que haya menos capital disponible. Es un ciclo que se repite invariablemente en la Argentina y lleva, por lo general, a las devaluaciones que hoy están proponiendo los industriales y muchos economistas al próximo gobierno.

Ante este panorama, la propuesta de los precandidatos del Frente para la Victoria de continuar el modelo parece insuficiente para atender las demandas de los sectores excluidos o marginados. No obstante, es el espacio que, de un modo desordenado y sin objetivos claros, le dio cierto impulso a los sectores informales de la economía y ayudó a darle visibilidad a las organizaciones de la producción popular, donde se concentra la mayoría de los pobres que buscan su subsistencia.

Massa, Margarita, Marx y algo más

El candidato del Frente Renovador, Sergio Massa, planteó la cuestión del porcentaje de pobreza diferenciándose de los otros espacios al comentar: “Hay que dejar de discutir el número de la pobreza, abrazar a los pobres e incluirlos”. La propuesta del abrazo es muy humana, pero queda descartada del análisis porque no parece muy eficaz para ayudar a superar la pobreza, además de ser de difícil implementación habida cuenta de la cantidad de pobres que habría que abrazar. Sobre la inclusión, hay algunas ideas sueltas que expresó Massa que sirven para explicar su posición respecto de este tema.

“Tenemos que resolver bien la distribución del ingreso, eso se resuelve con política tributaria y con política de seguridad social”, propuso en marzo. Es una pobre definición para sacar conclusiones, pero otra frase de campaña puede ayudar: “Hay que poner menos impuestos al trabajo y las inversiones, y más a la renta financiera”. Se puede inferir, con estos pocos datos, que el Frente Renovador es proclive a atraer capitales extranjeros, desregular el mercado de trabajo y ponerle algún tipo de arancel a las operaciones bancarias. Si a eso le agrega que uno de los eslóganes de Massa es “No creo en Cavallo ni en Kicillof, creo en Lavagna”, la propuesta massista sería una suerte de continuidad kirchnerista con viraje hacia la derecha.

En ese sentido hay que recordar que Massa alentó a los productores rurales a “plantar trigo hasta en las macetas” porque si gana las elecciones eliminará “todas las retenciones”. Esa medida va en dirección contraria a terminar con la pobreza, dado que las que se ven favorecidas son las empresas que manejan el negocio del campo y, en buena medida, las causantes de los problemas de los pequeños productores que se ven obligados a aceptar los precios que les imponen las corporaciones dominantes.

Por el lado del FAP, la candidata Margarita Stolbizer heredó el compendio de generalidades llamado La Argentina que Queremos, un documento ideado para la campaña Binner Presidente. El eje de ese trabajo es plantear la necesidad de que la Argentina sea “un país normal”. En las 57 páginas del documento no se da un solo ejemplo internacional de “país normal” y es lógico porque esa categoría es inexistente.

Más allá de ese fallido conceptual, hay algunas ideas que aparecen en ese programa como la del federalismo cooperativo, la reforma fiscal progresiva y la garantía de un piso de ingresos digno, que podrían ayudar a mejorar la situación de los excluidos, pero para saber con certeza si esos enunciados son posibles de llevar a la práctica, el FAP tendría que explicar cómo los va a implementar. Por ahora, eso es todo.

El Frente de Izquierda, liderado por el Partido Obrero, tiene más desarrollado su capítulo de cómo combatir la pobreza. Se describen los problemas productivos derivados de la presencia de las multinacionales y se analizan las consecuencias de la política de beneficio a las inversiones extranjeras. Entre las medidas que propone para cambiar esa situación figura la del “reparto de horas de trabajo para poner fin al desempleo” y la apertura de los libros de las grandes empresas para que sean públicas sus ganancias.

También menciona la necesidad de una “reindustrialización” aunque no especifica en qué consistiría ni qué objetivo tendría. Sí establece que se financiaría con el capital ahorrado por suspender el pago de la deuda externa. Aquí se entra en el terreno más complejo de la propuesta. La izquierda trotskista propone un “impuesto extraordinario a los grandes capitalistas”, la eliminación de impuestos como el IVA y la ocupación de las empresas que suspendan o despidan personal. No dice, en cambio, de dónde sacaría el capital necesario para reemplazar los ingresos que obtiene el Estado mediante el actual sistema y que, es obvio, dejaría de percibir con estas políticas.

Otro aspecto de la propuesta del FIT es que descarta por completo a los trabajadores informales que no están encuadrados en la relación patrón-obrero. No hay una mínima mención para esos sectores productivos en los que se trata de salir de la pobreza. Se infiere que así como el capitalismo propone a los pobres que esperen a que el crecimiento sea suficiente como para que se derrame sobre ellos el sobrante de la riqueza, el trotskismo establece que los pobres deben esperar a que se den las circunstancias históricas para que el socialismo marxista pueda reemplazar al capitalismo y recién allí todos los trabajadores puedan gozar de un ingreso digno.

El saldo general que dejan las propuestas de los candidatos presidenciales acerca de qué hacer con la pobreza demuestra que el interés en este tema es un bien escaso. El oficialismo apela al recuerdo de los buenos tiempos y la oposición no concreta ninguna idea superadora. Resta esperar que cuando el próximo gobierno comience a trabajar encuentre las herramientas adecuadas para encarar un tema en el que la mayoría de los candidatos no aciertan a salir de pobres.

Eduardo Blanco.


Dejá un comentario

Tu dirección de correo no será publicada. (Campos obligatorios *)


You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>